Testimonios
Acompañamiento
Cuando decidí tomar esta opción de voluntariado en Junio del 2009 lo hice pensando en qué era lo que me motivaba a ingresar, el tema carcelario femenino me había atraído siempre como una manifestación de la problemática del género femenino pero con consecuencias nefastas por origen social, entorno familiar y desarrollo intelectual bajo. Pero creyendo firmemente en que si hay una población penal que tiene esperanzas de cambios y logros de objetivos, ésa era la de mujeres, porqué? Simplemente porque creo que en las mujeres el desarrollo de talentos y crecimiento personal obra milagros.
Para mi sorpresa la única opción que había por mi disponibilidad de tiempo era un taller de “Acompañamiento”, digo sorpresa porque no era lo que tenía en mente a la hora de pensar en cuál sería mi aporte a
Desde esa fecha hasta hoy he acompañado a 2 personas, con la primera tuve la maravillosa experiencia de estar hasta el final de su reclusión con todo el proceso y ansiedad anterior a ese día. Actualmente acompaño a María quien ha sido toda una revelación para mí, su sabiduría y serenidad espiritual me ha hecho aprender dos cosas: que en una persona puede habitar más de una realidad y que la vida nos puede regalar sorpresas en un lugar donde nada es regalo y todo es transable.
El acompañamiento es una instancia de “visita”, pero para mí es un compromiso de contención hacia la otra persona mientras tenga la condición de interna y requiera esto para seguir su camino hacia la libertad, compromiso de asistencia y compañía…compromiso de estar con ella hasta el final de su camino carcelario.
Caroline Gómez
TRABAJANDO EN EL JARDIN: LECCIONES DE VIDA A TRAVES DE LA HORTICULTURA EN LA CARCEL
El taller huerto-jardín que realiza la Corporación Abriendo Puertas, en el Centro Penitenciario Femenino (en la comuna de San Joaquín) está pensado como opción laboral y al acceso a el cultivo de alimentos, para que las internas tengan la opción de un trabajo digno, que cambie sus vidas, para que una vez que obtengan su libertad, no vuelvan a cometer los mismos errores que las llevó a la prisión.
La horticultura y floricultura es un proceso que permite a las internas crear, compartir, elegir, asumir responsabilidades, discernir, hermosear el área que las rodea.
El cuidado del huerto-jardín mejorará la calidad de vida, proveerá de alimentos, hierbas aromáticas y medicinales, frutos y flores y permitirá gozar de un entorno amable, un pasatiempo, un aprendizaje, y contribuye a bajar los niveles de stress y violencia.
En nuestra sociedad, la mujer tiene roles que la hacen insustituible en su condición de sostenedora de la familia. Es por ello que el impacto que genera su reclusión merece políticas y programas específicos que rescaten a la persona, evitar la reincidencia y entregarles herramientas vocacionales y de rehabilitación.
Nuestro taller tiene como objetivo general diseñar y hacer un huerto-jardín en patios al interior de Centro Penitenciario Femenino de San Joaquín. A partir de ese objetivo a través del trabajo físico y el contacto con la tierra, se logra una adecuada estimulación motora y sensorial.
A través de la toma de decisiones de elegir semilla o planta, ejercen su autonomía y actos de libertad.
Desarrollan espacios de esparcimiento, reflexión, trabajo en equipo, se comparten experiencias, se asignan roles y responsabilidades individuales.
Somos capaces de conectarnos con la naturaleza y estudiar su ciclo vegetativo y desarrollar capacidad de asombro frente a las maravillas de la naturaleza.
Al estar en contacto con la naturaleza, específicamente con la plantas, tomamos conciencia que son seres vivos, que no nos juzgan, recrean con su belleza y que con nuestro cuidados llegarán a dar sus frutos.
Es un trabajo que permite traspasar valores tales como la esperanza, positivismo, auto-aceptación, auto-cuidado, paciencia, cuidado del medio ambiente, desde la naturaleza a sus propias vidas.
Adriana Larraín y Sonia Larraín
TESTIMONIO DE ROSA M. ESCOBAR
En el trayecto a los container - que es el lugar donde desarrollamos los talleres - divisé una figura conocida. Era Anita una de las integrantes de nuestro primer grupo del COD con las que trabajamos cada jueves del año pasado.
Luego de un emotivo abrazo y de recorrer en un segundo el mundo de conocidas que compartíamos, me contó que realizaba varios oficios y que tenía muchas novedades. La invité a visitarnos un martes, pero no se comprometió del todo. Era nuestra Anita, esa mujer rápida de mente, con miles de dones y que la vida había hecho seguir este camino y .........era otra.
A ratos me parecía ver una Anita que "se las sabía por libro" y que miraba con lejanía cualquier posibilidad de dar un giro en su vida, pero frente a mí no podía dejar de ver a otra persona. Nunca dejó de afanar con unos tarros de basura, concentrada en cumplir, mientras me conversaba. La vi más delgada o menos inflada, bonita, más joven y especialmente contenta. Estaba con salidas de fin de semana y visitaba a su familia entre otras a su madre a quien cariñosamente llamaba " mi guagua".
En un momento dijo:" he cambiado, soy otra, y le cuento con orgullo todos estos logros, porque ustedes con su taller me acompañaron en ese tiempo que todo me parecía difícil, casi imposible y les doy las gracias por eso. Al principio - yo había asistido a otros talleres- quería "machetear", salir, matar el tiempo, pero luego fue diferente a lo que antes había vivido".
Luego con un "chaíto" y un nuevo abrazo terminó la conversación, para seguir con sus obligaciones diciendo: "Déle cariños a la Paula y quizás podamos encontrarnos a tomar un café afuera"
Anita fue una de las primeras internas en llegar al taller. De partida noté su experiencia. Se prestaba al juego, opinaba o disentía con soltura. Nos facilitaba el trabajo y en más de una ocasión sentí que "hacía el taller", y al mismo tiempo que no lográbamos llegar a ella.
Durante todo 2009, año que ingresé a la Corporación, me debatí entre la idea de tener algo importante y poderoso que contar a las internas y la posibilidad que nada sucediera. Agradezco a quién me hizo mirar esa posibilidad acercándome a la humildad necesaria que permite cada día ofrecer nuestro corazón para que las cosas sucedan.
Rosa M. Escobar C.
TESTIMONIO DE DANIEL CANO
Cuando voy cada semana a realizar el taller de alfabetización, en el que estoy a cargo de 5 internas analfabetas, estoy también construyendo un puente entre la sociedad y esas personas, que al parecer ya no forman parte de ella. Es muy potente reconocerse en ese rol, y a la vez es una gran responsabilidad para con esas personas que cometieron errores en su vida, como le podría suceder a cualquiera de nosotros. En ese sentido, el voluntariado más allá de su efecto práctico de entregar herramientas tan útiles como aprender a leer y escribir, es un espacio privilegiado para crear un vínculo afectivo entre el voluntario y las internas, que es lo que al final del día permanece y le otorga sentido a todo el esfuerzo realizado. A esas personas que nuestra sociedad desprecia y olvida, nosotros las visitamos para decirles que no serán olvidadas por que son personas.
Daniel Cano Christiny